Besos. Manos entrelazadas. Abrazos donde se funden mas que los cuerpos, los corazones.
Miradas.
Caricias.
Parejas mayores, esas son las que mas daño me hacen.
Septuagenarios. Vidas unidas a lo largo de décadas de complicidad, con sus mas y sus menos, claro, pero al final los ratos malos siempre pierden fuerza frente a los buenos.
Él aún la mira con los mismos ojos, por encima de las arrugas.
Y ella, ella cuando lo ve "arreglao" le parece estar delante (todavía) de aquel muchacho que le decía naderías al oído en la feria.
Los hijos se han ido. Los amigos y conocidos han ido faltando (nadie vive eternamente).
Pero se tienen el uno al otro.
Como toda la vida.
Debe ser bonito. Llegar al final de tus días con la misma persona. Habiendo compartido tantas cosas, todo, practicamente. Mirarse en los ojos del otro y no necesitar ni hablar, como si hubieran desarrollado algún tipo de telepatía.
Un alma en dos cuerpos. Una vida compartida. Felicidad doble, por ti mismo y por tu compañero o compañera, penas divididas entre dos, que son siempre mas llevaderas.
Parece una utopía, pero un día estuvo muy muy cerca.
Muy muy cerca...
No puedo verlos a ninguno. Ni a los jóvenes ni a los mas mayores, pero sobretodo a estos últimos. Me hacen apartar la mirada como si fuera un vampiro mirando a una cruz. Es demasiado doloroso.
Es ver lo que podíamos haber llegado a ser, lo que entre risas nos decíamos que seriamos dentro de muchos, muchos años: ese viejo salido, loco por la viejecita mas coqueta del barrio. La pareja de octogenarios mas chiflada y enamorada de cuantas hayan podido existir.
"Todos se morirán, pero de envidia, en el geriátrico."
Bueno...
Parece que al final nadie mas que yo se morirá de envidia.
Aunque espero que no dure tanto la cosa como para geriátricos.
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La verdad es algo muy bonito.