Esta mañana he ido a hacer la compra.
Cuando volvía me he cruzado con una muchacha. Veintipocos. Con gafas. Pijilla, pero sin pasarse. Hablaba por teléfono móvil. Hablaba por teléfono, pero como esa gente que lo hace como si no confiara en la tecnología y proyecta su voz mas allá de lo necesario.
"Fulanito es genial. Me trata muy bien y nos llevamos de maravilla. Él yo le veo que me quiere y yo a él también, ¿eh? Creo que voy a tener que dejarlo."
La persona al otro lado se supone que le contesta algo. Imagino que con sorpresa por la respuesta de ella.
"No, tía. Es que yo estoy ahora mismo en un momento de mi vida que necesito espacio para mi, porque me estoy conociendo a mi misma como persona."
La verdad es que me quedé parado viéndola como se alejaba siguiendo animadamente con esa conversación en la que alegremente le contaba a su amiga como planeaba destruirle la vida (en la medida en que esté comprometido con ella) a Fulanito.
Porque se estaba conociendo a si misma...
Te juro que lo único que me salió fue susurrar "cuanto daño ha hecho la televisión"... Algo que luego pense y me di cuenta de que era una subnormalidad. Ese daño se lo hizo a los de mi generación. A la generación de la chica en cuestión se lo ha hecho, pues... Desde el colegio hasta lo que quieras. Todo.
Hoy en día decir una cosa como lo que iba diciendo la muchacha es lo normal...
LO NORMAL...
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La verdad es algo muy bonito.