Le dice: "Elige. Eres libre de pensar o no pensar como yo. Y si piensas de una forma diferente a la mía, no te castigaré con auto de fe.
No tocaré tu cuerpo, no confiscaré tus bienes, no te lesionaré tus derechos políticos. Incluso podrás votar. Pero no podrás ser votado porque yo sostendré que eres un ser impuro, un loco o un delincuente. Te condenaré a la muerte civil, te convertiré en un delincuente y la gente no te escuchará. Más aún, los que piensan como tú también te abandonarán para no sufrir a su vez el mismo castigo"»
Oriana Fallaci, La Fuerza de la Razón;
Buenos Aires: El Ateneo, 2004, páginas 299-300.
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La verdad es algo muy bonito.