Amanece y sales de la oscuridad. Un sillón, como cada día. Miras el cielo. Miras la calle. Miras el asfalto. Ella sigue estando contigo, pero no está. No la puedes tocar, no la puedes oír, no la puedes ver...
Puede que el cansancio te venza y consigas dormir unas horas en ese sillón. Mal. Sueñas. Ella está allí también. Unas veces contigo, otras -las mas- con "ellos". Despertar es lo peor, pese a todo. Ella no está. No la puedes tocar, no la puedes oír, no la puedes ver.
El día transcurre entre lapsos en blanco -lo mejor del día, a decir verdad-, recuerdos e intentos desesperados por ocupar la mente en otras cosas, cosas que antes, hace tiempo, eran agradables y llenaban tu mierda de existencia. Pero ya no. Porque conociste otra cosa, conociste algo que te importaba de verdad, algo que te llenaba de verdad. Pero ya no la puedes tocar, no la puedes oír, no la puedes ver...
Ella sigue contigo, siempre estará contigo. En tu cabeza, en tu pecho.
Porque Ella es la vida. Ella es todo lo que querías en esta vida.
Está ahí...
Cada día... Todos los días... Siempre el mismo día.
Ella está siempre contigo. En tu cabeza, en tu pecho. Pero nunca va a volver a estar.
Porque nunca la volverás a tocar, nunca la volverás a oír, nunca la volverás a ver...
Tú sabes que eres el que sobra, lo sabes.
Por eso estás donde estás, solo.
Lo se.
J<3B
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La verdad es algo muy bonito.