Uno puede estar fascinado por el misterio que encierran sus vidas, por su bello y terrible aspecto.
Puede nadar entre tiburones, acariciarlos.
Puede alimentarlos incluso...
Hasta puede creerse uno de ellos, imaginar que existe una "conexión espiritual mística", esas cosas pasan... Es lo que da la confianza.
Pero la naturaleza del tiburón es morder.
Y, si uno pasa el tiempo suficiente en su compañía, acabará por descubrirlo.
PD (esto va para la "anónima"):
Antes de que te lances a tus suspicacias
y/o a uno de tus "sesudos" análisis psicológicos
tendenciosos y sectarios del tres al cuarto,
NO, este post no tiene nada que ver con mi mujer.
Aunque si puede tener mucho que ver con gentuza como tú.
J<3B

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La verdad es algo muy bonito.